Graciela Domínguez: Gobernadora de nombre, no de hecho— el entreguismo que mantiene vivo el ROCHISMO
Opinión por: El Guardian
Dieciocho días después de que Rubén Rocha Moya solicitó licencia por tiempo indefinido y abandonó formalmente la gubernatura, la pregunta ya no es solo inevitable: es evidente. ¿Realmente se fue Rocha del gobierno, o solamente dejó el despacho para seguir gobernando desde la sombra?
Graciela Domínguez Nava asumió como gobernadora interina el 25 de agosto, con mandato hasta el 31 de octubre de 2027. Tenía en sus manos la oportunidad histórica de marcar una ruptura con el desgastado modelo rochista: corregir el rumbo de la seguridad, sanear las finanzas, renovar el gabinete y devolverle institucionalidad a un gobierno que se había personalizado hasta el extremo. Pero hasta hoy, nada de eso ha ocurrido. Y lo que es peor: todo indica que no hay intención de que ocurra.
El mismo equipo, las mismas fallas
La estructura de poder permanece intacta. El gabinete clave —Seguridad Pública, Finanzas, Gobierno, Desarrollo Económico— sigue en manos de los mismos funcionarios que acompañaron los peores momentos de la administración anterior. No hay cambios de fondo, ni siquiera de forma. Medios locales y analistas políticos coinciden: Domínguez Nava no ha renovado ni siquiera a los titulares cuyas áreas registran los índices más bajos de aprobación ciudadana. Eso no es continuidad: es entreguismo. Es asumir el cargo sin asumir el mando.
Dos años de crisis y ninguna corrección
Basta recordar el balance del rochismo para dimensionar la gravedad de mantener el mismo esquema:
- Más de 3,181 homicidios dolosos y más de 2,811 desapariciones —cifra que colectivos elevan a más de 4,000— en apenas dos años. Sinaloa ocupa hoy la tasa de desapariciones más alta del país: 29.9 por cada 100 mil habitantes.
- 166 feminicidios y un incremento del 125% en delitos contra mujeres.
- Cerca de 3,500 negocios cerrados y más de 37,000 empleos formales perdidos, según Coparmex Sinaloa.
- Deuda pública estatal que creció más del 40% en el sexenio, superando los 28 mil millones de pesos.
- Calificación de “riesgo alto” en transparencia y manejo de recursos, según organismos evaluadores nacionales.
Ante este desastre, la respuesta de Graciela ha sido mantener, proteger y heredar el mismo equipo. No hay autocrítica, no hay relevo, no hay nuevo plan de seguridad. Hay, en cambio, una lealtad absoluta hacia quien le entregó el cargo: Rubén Rocha Moya. Y esa lealtad, hoy por hoy, se confunde con traición a la ciudadanía.
El relevo que nunca fue
Lo más preocupante no es que Rocha pretenda seguir decidiendo. Lo más grave es que Graciela lo consienta y lo facilite. En lugar de ejercer la autoridad que el cargo le otorga, ha permitido que las decisiones sigan transcurriendo por los mismos canales, que las negociaciones se hagan desde fuera y que el gobierno siga respondiendo a una sola persona, no al interés general.
Esto confirma lo que muchos temían: la transición fue solo administrativa, no política. El rochismo no terminó con la licencia del exgobernador; simplemente encontró una nueva forma de perpetuarse, sin costo político, sin rendición de cuentas y sin rostro visible que cargue con el desgaste.
¿Gobernar o administrar lo que otros dejaron?
La crítica no es por los días que lleva en el cargo. Es por la actitud. Porque gobernar también significa reconocer los errores del pasado y tener la voluntad de corregirlos. Y hasta ahora, lo que se ve es lo contrario: un gobierno que defiende lo indefendible, que protege lo cuestionado y que se niega a diferenciarse de un mandato que la sociedad ya rechazó.
Si Graciela Domínguez Nava no marca una diferencia clara, si no renueva el equipo, si no presenta una nueva estrategia de seguridad y si no demuestra que las decisiones nacen de su despacho y no de otro, entonces la respuesta a la pregunta es dolorosa pero cierta:
No está gobernando Sinaloa. Está administrando el gobierno que Rocha dejó. Y mientras eso no cambie, la legitimidad no llegará. Porque la gente no le pide que destruya todo: le pide que recupere el control. Que demuestre que ella manda, no la sombra del exgobernador. Que gobierne para todos, no para los intereses de un grupo que ya demostró que no puede ni quiere dar resultados.



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