Ahome: 22 millones para imagen y publicidad mientras el municipio se cae a pedazos. Baches, drenajes, socavones y más…
#Opinión por: Ra’s al Ghul
En política existe una máxima no escrita pero constantemente practicada: la imagen importa más que la realidad. Y en el municipio de Ahome, la administración del alcalde Antonio Menéndez parece haber adoptado este principio como su principal línea de gobierno.
Las cifras no mienten y resultan escandalosas. Entre enero y septiembre del presente año, el H. Ayuntamiento de Ahome ha destinado 22 millones de pesos exclusivamente al rubro de comunicación social y publicidad. Veintidós millones de pesos orientados a promover una narrativa de progreso. Un gasto millonario para maquillar una realidad que, afuera de las oficinas gubernamentales, se cae a pedazos.


Basta con dar un recorrido por las calles de Los Mochis o por las comunidades rurales del municipio para constatar las verdaderas urgencias de los ahomenses. La ciudad se ha convertido en un campo de minas: baches que proliferan día a día provocando accidentes viales, daños materiales constantes en vehículos particulares, llantas ponchadas y suspensiones destrozadas que salen del bolsillo de los ciudadanos. Más grave aún es la crisis sanitaria que se vive en decenas de colonias y sindicaturas, donde las familias conviven a diario con colapsos de drenaje, calles anegadas de aguas negras y malos olores. Niños y adultos mayores están expuestos a focos de infección que representan un peligro latente para la salud pública.
Ante este panorama de abandono estructural, la respuesta del gobierno municipal no ha sido reasignar el presupuesto publicitario hacia las obras urgentes, sino ejecutar lo que solo puede calificarse como una jugada maestra de estrategia política.
Antonio Menéndez pretende que sea el Cabildo —las y los regidores de Ahome— quien le apruebe un presupuesto extraordinario con un monto inflado de 8 millones de pesos para reparar únicamente dos socavones. ¿Por qué solicitar una partida especial y abultada en lugar de utilizar los recursos que ya existen en la Tesorería Municipal? ¿Por qué no recurrir a la Junta de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Ahome (JAPAMA), esa paramunicipal que históricamente ha sido utilizada como caja chica para saldar compromisos políticos en lugar de reinvertir en la infraestructura hidráulica que desesperadamente se necesita?
La respuesta es simple: transferencia de responsabilidad.
Si el Cabildo aprueba el dictamen con los costos inflados, el alcalde quedará blindado. Ante cualquier señalamiento futuro sobre sobreprecios o inconsistencias financieras, el argumento oficial será impecable: “Yo no fui, el proyecto fue revisado, discutido y aprobado democráticamente por las y los regidores; aquí no hay anomalías”.
Por el contrario, si el Cabildo actúa con responsabilidad y rechaza la propuesta por sus evidentes irregularidades, la narrativa gubernamental ya está construida: “Nosotros teníamos la mejor disposición de solucionar el problema de inmediato, pero lamentablemente los regidores se opusieron y frenaron la obra”. Un esquema donde el Ejecutivo municipal gana en cualquier escenario político, evadiendo la rendición de cuentas.
Resulta irónico y doloroso el contraste con la ciudadanía. A un contribuyente que se retrasa unos días en el pago del recibo de agua, la JAPAMA no le perdona un solo peso ni le otorga tregua: la cuadrilla llega de inmediato a recortar el servicio. Sin embargo, para la administración pública la flexibilidad presupuestal es infinita cuando se trata de autopromoción.
Mientras las autoridades juegan al ajedrez político, distribuyen recursos en convenios de imagen y calculan culpas para blindar sus figuras, la realidad no cambia en las calles. Mientras son peras o son manzanas, los platos rotos —y las facturas de una infraestructura en ruinas— los sigue pagando, como siempre, el pueblo de Ahome.
“El crimen no puede tolerarse. Los criminales se aprovechan de la indulgencia de la sociedad.”― Ra’s al Ghul a Bruce Wayne



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