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El PVEM: proyecto propio o refugio de expriistas que buscan sobrevivir al poder?


El Partido Verde abres sus puertas a los que la gente ya rechazó…


Opinión por: El Guardián


Hay partidos que nacen para servir a la sociedad. Y hay otros que nacen ,o se transforman, para servirse del poder. En Sinaloa, el Partido Verde Ecologista de México ha dejado de ser una opción con principios para convertirse en la estación de paso perfecta para quienes perdieron su espacio y buscan desesperadamente una nueva oportunidad, sin importar el costo para la sociedad. No es una alianza política: es


El Verde decidió atarse a Morena y al PT rumbo a 2027. Su dirigente estatal, Ricardo Madrid Pérez, no oculta que su presencia en la política responde a la cercanía con el poder: fue funcionario del gobierno de Quirino Ordaz Coppel, diputado federal por la coalición y ahora aspirante impuesto por la lógica de la sumisión. No lidera: obedece. Y esa sumisión es el precio que el Verde paga para existir. Lo que resulta indignante no es la alianza: es el uso del partido como escudo para rescatar a personajes que la sociedad ya rechazó en las urnas.


Los hechos públicos son contundentes y no dejan lugar a dudas: el Verde no está renovando, está reciclando. No está creando cuadros nuevos, está rescatando a los que otros partidos ya desecharon. Este lunes 5 de octubre, Francisco Antonio “Tony” Castañeda Verduzco renunció a su puesto en la Comisión de Vivienda del Estado, un cargo que ocupó gracias a la confianza del gobierno anterior y horas después ya era delegado estatal del Partido Verde. No llegó por convicción ecologista: llegó porque su puesto de trabajo estaba en riesgo y encontró en el Verde el salvavidas que necesitaba. Un día después, el martes 6 de octubre, Fernando Pucheta Sánchez, exalcalde de Mazatlán que ya ha transitado por tres partidos distintos sin que su gestión se distinga por buenos resultados, se sumó al PVEM en un acto con dirigentes nacionales. Dos incorporaciones en 48 horas, dos figuras con pasado cuestionado, cero explicaciones a la ciudadanía.


Eso no es política. Es supervivencia política en su forma más cínica. Cambian de camiseta, abrazan banderas que nunca defendieron, hablan de renovación cuando ellos mismos son la vieja política en estado puro. El gatopardismo es su única ideología: que todo cambie para que nada cambie. Y el Verde les abre las puertas sin preguntarles qué hicieron, qué resultados obtuvieron, ni por qué abandonaron sus anteriores partidos. Lo único que importa es que traen estructura, contactos y, sobre todo, hambre de poder.


Pero la pregunta que nadie se atreve a hacer es la más importante: ¿Quién manda realmente en el Verde en Sinaloa? Ricardo Madrid aparece en las fotos, da las declaraciones, pero las decisiones clave no se toman en Sinaloa. Cuando él mismo buscó la coordinación estatal de la coalición, fue la dirigencia nacional de Morena quien lo desplazó e impuso a Imelda Castro Castro. El Verde no tiene voz propia. No decide su rumbo. Es un partido subordinado, funcional, diseñado para dar apariencia de pluralidad sin cuestionar nada. Y sus nuevos integrantes lo saben: no llegan a un proyecto, llegan a una estructura que les garantiza acceso a los espacios de poder a cambio de lealtad incondicional.


La sociedad sinaloense tiene derecho a exigir explicaciones. ¿Qué hicieron Tony Castañeda y Fernando Pucheta cuando tuvieron responsabilidades de gobierno? ¿Dónde estaban cuando se tomaron decisiones que hoy lastiman a Sinaloa? ¿Por qué renunciaron a sus anteriores siglas? ¿Por qué ahora, de la noche a la mañana, son los nuevos líderes de un proyecto verde que nunca mencionaron antes? No hay respuestas. Solo silencio y una campaña de imagen para borrón y cuenta nueva. Pero la memoria ciudadana no se borra con un cambio de logotipo.
El Verde tiene derecho a sumar a quien quiera. Pero no tiene derecho a engañarnos. No puede presentarse como opción de cambio cuando lo que hace es rescatar a quienes ya tuvieron oportunidad y no cumplieron. No puede hablar de medio ambiente cuando lo que negocia son posiciones y presupuestos. No puede hablar de renovación cuando sus nuevas figuras son las mismas caras de siempre, con los mismos vicios y las mismas prácticas que la gente ya rechazó.


El riesgo es grave: si el Verde continúa por este camino, dejará de ser una opción política para convertirse en una agencia de colocación para políticos desempleados. Y eso es lo que más indigna: mientras la sociedad exige honestidad, transparencia y resultados, hay partidos que siguen viendo la política como un negocio familiar, donde lo importante no es servir, sino servirse.
La pregunta para cada ciudadano es clara: ¿Queremos más de lo mismo, ahora pintado de verde? Porque cambiar de partido es fácil. Cambiar las prácticas, eso es lo difícil. Y hasta ahora, lo que vemos en el Verde no es transformación. Es la misma vieja política, con otro color, las mismas ambiciones y cero compromisos con la gente.


Si el Verde quiere respeto, que lo gane con hechos. Que nos diga qué proyectos trae, qué compromisos firmes asume, qué hará diferente a lo que ya vimos fallar. Mientras tanto, seguiremos viendo lo que es: un refugio temporal, una puerta giratoria, donde entran los que perdieron y saldrán los que encuentren mejor oportunidad en otro lado. Eso no es futuro. Es más de lo mismo. Y Sinaloa ya no aguanta más de lo mismo.

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