×

Las autoridades locales, responsables del desprestigio de Morena en Sinaloa

Opinión por: El Guardian


Hay un dato que Morena Sinaloa no debería intentar esconder detrás de explicaciones partidistas: el ejercicio de percepción ciudadana publicado por EL DEBATE durante los festejos del Grito de Independencia coloca al partido frente a un rechazo mayoritario entre los participantes en las cinco ciudades consultadas.

Guamúchil registró 70 por ciento de respuestas negativas hacia Morena rumbo a 2027; Los Mochis, 65; Mazatlán, 62.5; Culiacán, 56.4, y Guasave, 52.5 por ciento.

No es una encuesta representativa de todo Sinaloa ni permite anticipar una elección. Pero sí es una señal ciudadana y, por lo mismo, Morena Sinaloa tiene una responsabilidad política ineludible: escucharla, explicarla y asumir la parte que le corresponde.
No resulta suficiente refugiarse en que se trata de un ejercicio no representativo. Esa precisión metodológica es correcta, pero no elimina el contenido de las respuestas. Cuando en cinco ciudades aparece una mayoría de participantes que expresa que no votaría por Morena, lo responsable para una dirigencia política no es desacreditar el dato, sino preguntarse por qué está ocurriendo.
Y ahí comienza la responsabilidad morenista.

Morena Sinaloa ha tenido durante años una presencia política e institucional relevante en el estado. Ha encabezado gobiernos, cuenta con representantes populares y mantiene una estructura partidista. Por ello, no puede presentarse como un actor ajeno a lo que sucede en Sinaloa.

Si existe inconformidad ciudadana, Morena forma parte de la realidad política que debe responder por ella.
La situación adquiere mayor dimensión cuando se observa el contraste con Claudia Sheinbaum. En el mismo ejercicio, la presidenta alcanzó 100 por ciento de reconocimiento en Culiacán y Guamúchil, 97.5 en Los Mochis, 92.5 en Mazatlán y 60 por ciento en Guasave.

El mensaje que deja ese contraste es imposible de ignorar: el reconocimiento de la presidenta no está significando automáticamente respaldo hacia Morena Sinaloa.
Y eso coloca una responsabilidad directa sobre el partido en el ámbito local.
No se puede vivir permanentemente del prestigio de la marca nacional mientras se pretende que las deficiencias locales no tengan consecuencias políticas. Morena Sinaloa debe responder por su propio desempeño, por sus gobiernos, por sus representantes y por la manera en que ha construido —o dejado de construir— una relación cotidiana con la sociedad.
Otro dato resulta todavía más incómodo.

En cuatro de las cinco ciudades consultadas, más de la mitad de los participantes manifestó no conocer a la gobernadora Graciela Domínguez Nava. En Los Mochis el desconocimiento llegó a 72.5 por ciento y en Culiacán a 76.9 por ciento.
La gobernadora tiene sus propias responsabilidades institucionales y políticas, pero Morena tampoco puede desentenderse de la percepción que genera un gobierno emanado de sus filas. Si la ciudadanía no identifica con claridad a quien encabeza el Ejecutivo estatal, existe un problema de presencia pública y comunicación política que merece ser revisado.
Morena Sinaloa no puede reclamar el mérito de los gobiernos cuando los resultados le favorecen y deslindarse cuando aparecen cuestionamientos.

Esa doble lógica sería precisamente una de las cosas que la dirigencia debería corregir.
La política no consiste solamente en ganar elecciones. También implica responder por las decisiones, por los gobiernos que se encabezan y por la confianza que se construye o se pierde frente a la sociedad.
Y aquí aparece una crítica de fondo: Morena Sinaloa parece más preocupado, en buena parte de su dinámica interna, por preservar posiciones, construir grupos y preparar el terreno electoral que por explicar de manera convincente qué está haciendo para resolver los problemas que preocupan a los sinaloenses.

El ciudadano no vive de las reuniones de partido.

Vive la inseguridad, los problemas económicos, las deficiencias de servicios, la falta de respuestas y la distancia de las autoridades. Desde ahí construye su percepción política.
Por eso el rechazo registrado en este ejercicio no debería leerse únicamente como un problema de comunicación. También puede ser una advertencia sobre la distancia que existe entre el partido y una parte de la sociedad.
Morena Sinaloa tiene la obligación de revisar esa distancia.
No hacerlo sería asumir que la estructura partidista puede sustituir la confianza ciudadana. Y ninguna estructura, por grande que sea, puede garantizar por sí misma el respaldo de los electores.


2027 todavía está lejos y estos resultados no permiten anticipar quién ganará o perderá. Pero precisamente por eso Morena Sinaloa tiene tiempo para hacerse cargo de sus responsabilidades, revisar sus errores y escuchar a quienes hoy están expresando inconformidad.

La señal está sobre la mesa.

La pregunta ya no debería ser solamente por qué algunos ciudadanos rechazan a Morena.
La pregunta más seria para Morena Sinaloa es qué ha hecho —o qué ha dejado de hacer— para que ese rechazo esté apareciendo en cinco ciudades del estado.
Ahí comienza la responsabilidad política del partido.
Y también ahí debería comenzar su autocrítica.

Publicar comentario