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Imelda Castro: el proyecto que no termina de aterrizar

Opinión por: El Guardián

Por estos días, el nombre de Imelda Castro Castro aparece en todos los escenarios políticos de Sinaloa. Es la coordinadora estatal de los Comités de Defensa de la Transformación, la virtual candidata de Morena a la gubernatura en 2027, la senadora con licencia que recorre los 20 municipios. Pero entre tanta presencia visible, crecen las preguntas sobre lo que realmente hay detrás de su proyecto político.


La soberbia de confundir designación con respaldo
El señalamiento más recurrente que se escucha en círculos políticos y ciudadanos tiene que ver con una actitud que muchos califican de soberbia. Su llegada a la coordinación estatal de Morena no fue producto de una elección interna abierta y transparente, sino de una decisión desde arriba, anunciada por la dirigente nacional del partido, Ariadna Montiel Reyes. El término que ya circula en la política sinaloense es claro: fue un “Imeldazo”, una designación cupular que no refleja necesariamente el consenso de las bases.


Esa designación por decisión de cúpulas parece haber generado en ella la convicción de que no necesita convencer, sino solo informar. Quienes han dialogado con ella señalan que escucha poco y decide mucho, que rara vez incorpora propuestas distintas a las que ya trae escritas. Su frase en entrevista a Milenio, “todos los días se reconstruye la confianza”, suena bien en los medios, pero contrasta con la percepción de quienes sienten que ella da por hecho su apoyo.


Simulaciones: el deslinde que no convence.
El punto más delicado de su proyecto es su relación con el gobierno de Rubén Rocha Moya. Imelda Castro dice buscar una distancia clara respecto al “rochismo”, asegura que su proyecto es independiente. Sin embargo, como ha documentado Carlos Loret de Mola, la realidad operativa es otra: su aparato de campaña está montado sobre la estructura, los operadores y hasta el equipo del propio Rocha Moya.


Esto plantea una pregunta sencilla pero incómoda: ¿es posible deslindarse de un gobierno que hoy enfrenta crisis de seguridad, económicas y de credibilidad, cuando se utiliza su misma maquinaria política? La simulación radica en querer presentarse como algo distinto mientras se heredan los recursos y las redes de quienes han gobernado Sinaloa en este sexenio.


Su propuesta de un “Plan Marshall” para Sinaloa suena ambiciosa, pero hasta ahora se ha quedado en el nombre y en las frases de discurso. No hay documentos públicos, no hay mesas de trabajo con los sectores productivos, no hay indicadores claros. Es una propuesta que suena bien, pero que nadie ha visto aterrizar.


Traiciones y falta de lealtades claras
La trayectoria de Imelda Castro ha registrado giros que han dejado a muchos con la sensación de que las lealtades son circunstanciales. Fue diputada local del PRD, cercana al malovismo, crítica abierta de Andrés Manuel López Obrador durante el gobierno de Peña Nieto, para después integrarse a Morena y convertirse hoy en su figura principal en Sinaloa. En la ruptura entre Rocha Moya y Enrique Inzunza Cázarez en el Senado, Castro no dudó en desmarcarse públicamente de quien fuera su aliado, borrando cualquier antecedente cuando éste enfrentó problemas legales.


Esa capacidad de reacomodarse puede verse como habilidad política, pero también genera desconfianza: ¿con quién estará cuando las cosas se compliquen? ¿Qué principios son irrenunciables si las afiliaciones y las alianzas cambian según convenga?


¿A quién responde realmente?
Esta es la pregunta central que hoy circula en Sinaloa. Imelda Castro dice responder al pueblo de Sinaloa, pero su designación vino de la Ciudad de México, de la dirigencia nacional de Morena. Operativamente, se apoya en la estructura de Rocha Moya del que pretende deslindarse. Y formalmente, responde a la línea que marque la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien ha invitado públicamente a recorrer Sinaloa y con quien alinea su agenda.


No responde, sin embargo, de forma clara y visible a los sinaloenses. No rinde cuentas sobre cómo organiza su proyecto, qué criterios usa para elegir a sus colaboradores, en qué gasta los recursos de su operación política. La falta de estructura propia es una debilidad reconocida públicamente por analistas: su movimiento no ha construido base propia, sino que opera sobre estructuras prestadas.


Un liderazgo que no termina de cuajar
Un verdadero liderazgo no se hereda, se construye con confianza. Y la confianza no se decreta desde una oficina en la Ciudad de México ni se impone con guardias nacionales afuera de una cafetería. Se construye escuchando, siendo congruente entre lo que se dice y lo que se hace, manteniendo palabra con quien se compromete, y rindiendo cuentas de manera transparente.


Hoy, el proyecto de Imelda Castro parece más un nombramiento que un movimiento. Mientras no demuestre que responde primero a los sinaloenses y no a las cúpulas que la colocaron ahí; mientras no presente un plan real y documentado en lugar de frases grandilocuentes; mientras no construya su propia estructura en lugar de aprovechar la de un gobierno en crisis; y mientras no genere confianza de que sus lealtades son con principios y no con personas, su proyecto seguirá siendo una incógnita que el tiempo se encargará de resolver.
Sinaloa merece alguien que responda primero a su gente, no a quienes firman nombramientos desde lejos.

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