Las 30 monedas de plata para cambiar el #AquíNo por el #AquíSí
Hoy inauguramos un espacio permanente de análisis, crítica y memoria gráfica: nuestra Portada Semanal. Semana a semana, este espacio será el epicentro donde desnudaremos la realidad de los acuerdos cupulares, las traiciones de pasillo y las decisiones que marcan el destino de nuestra región. Arrancamos este ciclo poniendo el dedo en la llaga sobre uno de los virajes más cínicos en la política reciente de nuestro estado. Manténganse atentos cada inicio de semana, porque en esta portada no habrá verdades a medias ni silencios comprados. Bienvenidos a la nueva portada de Informe Político.
La dignidad de un pueblo no debería tener precio, pero en la política del desarrollo a marchas forzadas, parece que todo se reduce a una simple transacción comercial. Lo vivido la semana pasada en Topolobampo con la visita de la comitiva del gobierno federal —encabezada por la Semarnat— pasará a la historia local no como un triunfo del diálogo, sino como el momento exacto en que la resistencia entregó el beso de la traición.
Por años, el colectivo «Aquí No» fue el escudo de la Bahía de Ohuira. Una consigna clara, un grito de guerra legítimo de las comunidades indígenas Mayo-Yoreme y de los defensores ambientales frente al avance colosal de la planta de fertilizantes de GPO (que ya ostenta un cínico 80% de avance) y el megaproyecto de metanol de Mexinol, respaldado por miles de millones de dólares extranjeros. La postura era inamovible: la vida, el ecosistema y el territorio no se negociaban.
Sin embargo, bastaron unas horas de pasillo, promesas institucionales de “planes de manejo” y carpetas técnicas en una mesa oficial para que la firmeza se diluyera. Tras la visita federal de esta semana, el eco del «Aquí No» se apagó sospechosamente, transformándose en un sumiso, cómodo y entreguista «Aquí Sí».
¿A cambio de qué mutaron de piel los líderes del movimiento? En los pueblos pesqueros y en las comunidades originarias el ambiente no es de victoria, sino de profunda sospecha. El repentino cambio de postura apesta a los viejos acuerdos bajo la mesa, a los incentivos que fracturan resistencias y al clásico soborno institucionalizado que viste de “progreso” lo que en realidad es despojo. Los líderes, aquellos que juraron proteger el mar y la herencia de sus ancestros, terminaron sentándose a la mesa con el gobierno federal y el capital extranjero para firmar un pacto de capitulación.
Es inevitable evocar la noche más oscura de la narrativa bíblica. Al igual que Judas Iscariote, quien entregó al maestro guiado por la codicia, los cabecillas de lo que alguna vez fue el digno movimiento «Aquí No» han entregado la Bahía de Ohuira. Cambiaron la salud de su ecosistema, el futuro de los pescadores y la autonomía de sus raíces por unas miserables “monedas de plata” en forma de prebendas, promesas de empleo y presupuestos amañados.
Los acuerdos alcanzados la semana pasada son una burla: meras promesas de “monitoreo ambiental” y discursos de que “ninguna autorización es un cheque en blanco”. Palabras vacías. En la práctica, le han pavimentado el camino a las transnacionales para que terminen de edificar sus monstruos industriales de amoniaco y metanol. El gobierno federal operó como el gran mediador del capital, y los líderes indígenas y ambientales mordieron el anzuelo, vendiéndose al mejor postor.
Topolobampo recordará esa semana. Pero no por la llegada del desarrollo, sino por la fragilidad de sus dirigentes. El dinero extranjero y el poder central compraron el silencio de quienes debían gritar. Que disfruten sus monedas de plata, porque el costo ecológico e histórico de su traición no se podrá pagar con todo el oro del mundo.




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